El esquí es un deporte muy completo, tanto a nivel físico como psicológico. Desde el punto de vista físico, es un deporte muy completo, en el que entran en funcionamiento muchos músculos del cuerpo, el trabajo principal es de piernas y torso, por lo que ayuda a fortalecer abductores, cuádriceps, glúteos y abdominales, pero también se trabajan los músculos de la espalda, los hombros y los brazos.
Es un ejercicio aeróbico, es decir un ejercicio de intensidad media-baja y larga duración, en el que el cuerpo comienza a quemar hidratos y grasa para obtener energía.
Al tratarse de un ejercicio al aire libre proporciona muchos beneficios a quien lo practica, no sólo para el cuerpo, también para la mente.
La necesidad de estar atento a factores externos para hacer un recorrido, provoca que el esquiador tenga que hacer movimientos en zigzag, frenadas, cambios de intensidad… Estos son ejercicios que ayudan, no sólo a la agilidad física, también a la agilidad mental.
La concentración, la coordinación, la flexibilidad, el equilibrio… son habilidades que se combinan para practicar este deporte en el que cuerpo y mente trabajan a la par.
Las pistas de esquí están emplazadas en altas montañas con paisajes nevados, es un marco incomparable que nos hace sentir bien, este sentimiento sumado a la sensación de velocidad, hace que el cuerpo comience a segregar dopamina, serotonina y adrenalina, que proporcionan gran sensación de placer y bienestar.
Estos sentimientos hacen que el cuerpo y la mente se relajen y ayudan a combatir el estrés de la rutina diaria.
A nivel social, hay que tener en cuanta que el esquí es un deporte que por lo general se practica y se aprende en grupo.
Las sensaciones y buenos momentos de los que puedes disfrutar en una clase de esquí, errores superados o logros compartidos con tu profesor de esquí y comentar la jornada con tus compañeros.
Son sensaciones que el ser humano, como ser sociable, disfruta y hace que entre en un estado de ánimo muy diferente que si practica un deporte sólo.
El esfuerzo físico que supone el esquí, potencia la resistencia y la fuerza física y nos ayuda a quemar calorías, no sólo por el esfuerzo sino también por la temperatura, el frio hace que el cuerpo tenga que mantener el calor y para hacerlo quema calorías.
La exposición al sol, durante la jornada de esquí, hace que aumente nuestros niveles de vitamina D de manera natural, esto es muy beneficioso para nuestra salud, siempre que se haga de manera controlada y con protección solar.
En el caso de los más pequeños, el esquí les ayuda a mejorar y desarrollar la psicomotricidad y a desenvolverse en un entorno diferente como es la montaña y la nieve.
En las clases grupales de esquí para los niños, además de aprender a esquiar, adquieren unos valores deportivos: de superación, esfuerzo y compañerismo que son muy beneficiosos para su educación.

El esquí es un deporte de grupo y que mejor grupo que la familia, no muchos deportes se pueden practicar en familia y eso hace que cuando tenemos niños pequeños, el deporte se deje un poco de lado porque los niños no pueden unirse.
En el caso de las pistas de esquí esto siempre está resuelto, cuando hay niños muy pequeños, se puede conciliar esquí y familia gracias a las guarderías de las estaciones, cuando son un poco más mayores, pueden ir a los cursillos de esquí para niños, mientras los adultos disfrutan de las pistas y una vez ya han aprendido, toda la familia puede compartir buenas y divertidas sensaciones en la nieve.
Es probable que nunca te hayas parado a pensar que este deporte te pueda aportar tantas cosas, tanto a nivel físico como mental, pero así es, esta es la causa por la que quien lo prueba repite.